¡Cuántas veces hemos oído esas profecías que especulaban sobre el fin del mundo de una manera catastrófica! Y, tras largos meses e incluso años de quebraderos de mente por si podría existir esa posibilidad, al final todo queda en una mentira esotérica sin ningún fundamento científico.
Quizás todo esto sea motivado por no saber afrontar la propia mortalidad. Esa finitud aparentemente lejana y ajena al ser humano cobra sentido cuando es impuesta desde un plano superior, como pueden ser fuerzas sobrenaturales o inclusive un dios colérico.
Desgraciadamente parece que tienen que existir estas necedades para tomar consciencia de nuestra vida y ponerle remedio en lugar de hacerlo de una manera natural, aprovechando al máximo cada efímero momento que se nos presenta de diversas formas y que trae, en la mayoría de las veces, una importante moraleja.
Sin embargo, alejándonos de pensamientos cargados de optimismo, la realidad es otra. El temor parece tomar protagonismo en la mayoría de los casos haciéndonos dudar de nuestras posibilidades y capacidades y como consecuencia, sentirnos miserables.
Por ello espero que el que sea quizás un último llamamiento sea el de valorar todo aquello que tenemos y saber afrontar, de la mejor manera posible, todos los acontecimientos que se nos presenten.
Porque recordad: El show debe de continuar.