Me lío un cigarrillo con el ligero papelillo aparentemente no nocivo pero que acaba con mi existencia lentamente. Llego al dormitorio principal, un caos como de costumbre. Botellas de alcohol vacías y desperdigadas, periódicos de hace meses inclusive años amontonados, papeles y más papeles y algún bolígrafo que otro en la pequeña mesita situada en el centro, adornada de un gran cenicero repleto de "mierdas sanas". Aquí hállome con la música de fondo como única compañía. Estoy completamente desnudo. Sin ilusión alguna y con la única esperanza de que mañana nadie se olvide de mí. Pero eso ya ocurrió tiempo atrás, quizás en mi anterior vida. ¿Tuve vida antes? El monólogo interior retumba sobre mis entrañas cada vez más fuerte. No lo sé.
Siempre he pensado que obré realmente mal en otros tiempos y que estoy cumpliendo condena. Me arrastro ante la masa hipócrita por unos míseros céntimos. Los he conseguido, a base de muchos sacrificios y bajándome los pantalones. Ya no soy ese zagal lleno de ilusiones y ganas de comerme el mundo. De mandar al carajo a políticos y moralistas. Me sentía como eso que los intelectuales llaman "superhombre".
Eso fue hace mucho. Ahora soy un esclavo más de este estúpido sistema. Algún día no muy lejano, volveré a mi casa sin recordar qué fue de mi persona, sucumbido a lo que denominan "arte", otro medio de control de nuestra individualidad. Repulsivo.
Me odio.