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sábado, 31 de agosto de 2013

Hoy un sentimiento de melancolía se cierne sobre mí. Quizás sea porque me aproximo al principio de un nuevo curso totalmente distinto al que siempre estoy habituada: una nueva ciudad y mucha ilusión. Sería muy desconsiderado por mi parte no despedirme sobre mi hermosa ciudad, hogar en el que resido (por desgracia o por fortuna) desde que nací.

Echaré de menos muchas cosas como que un supermercado no posea alimentos básicos como huevos o pan y tenga que ir a otra tienda a buscarlos; reservar con un mes de antelación al quiosquero de turno una colección de tazas (Beatles puntúo) pero eso sí, pegándote el madrugón para recogerlas porque vuelan. Lo bueno es que como nos conocemos todos siempre te quedará la opción de ir a la casa del colega que sabes que también las anhelaba  y muy probablemente haya sido el que se llevó la última.

O también una buena revista sobre temas ajenos a mierdas de cotilleo como "Pronto" "Hola" y sucedáneos (espera, ¿a esto lo llaman prensa rosa? me jacto en su cara al cretino que creó el concepto). Una vez concluida la búsqueda el resultado es predecible: No ves esa revista ni en pintura.

Parece que comprar discos es algo sobrehumano asi que como no puede una ir de compras a por un CD eso no lo echaré en falta, al contrario, será una liberación. ( En este apartado englobo cómics, figuritas de colección, camisetas de tu grupo favorito etc).

Y llegamos a mi apartado favorito. ¡Qué sería de mi ciudad sin el maravilloso levante! Echaré de menos tirarme más de dos horas arreglándome el pelo en vano porque al mínimo contacto con el exterior el pelo cobra vida y se encrespa. Y qué decir del barco, una experiencia inolvidable para aquellas personas que lo han vivido (nadie escarmienta en boca ajena y de paso hago publicidad).

La noche es muy perturbadora: Si en otras ciudades existen cientos de locales para gustos y colores, aquí todos al mismo. Sí, es una auténtica pasada la mezcla cultural: Un cani con un ciego de la hostia y un heavy escuchando los 40 por decir algo todo en el mismo zulo.

Pero no todo son cosas malas (hay más malo que bueno) si algo amo de mi pequeña ciudad (es un eufemismo porque en un pueblo) es el mar, los atardeceres y sobre todo un buen té moruno y pastas.

Porque en definitiva somos una auténtica pasada: africanos, mauritanos tingitanos, europeos y españoles. Olé.