Siempre me había esforzado en complacerte. Pensaba que si me mostraba como una mujer perfecta seríamos felices pues en muchos casos repudiaba de mi conducta al considerarla poco femenina. Por instantes llegué a creer que era realmente feliz. Me equivocaba. Perdí mi espontaneidad, mi esencia. Estaba alienada completamente por mi nueva fachada, mi nueva vida. Sin embargo, las mentiras no pueden sostenerse pues son frágiles y quiebran con facilidad. El mundo se desmoronó, cayó la falsedad, el odio, la opresión social por su propio peso. Era totalmente libre pues no había nadie al que tuviera que aferrarme. No era feliz pues añoraba el engaño, el mundo idílico y fariseo que creé, las banales amistades y todos los círculos sociales que derivaban de esta.
Había olvidado la esencia del amor hasta que te conocí. Comprendí que el sentido del amor, no se basaba en convertirse en lo que el otro amante deseara que fueras, pues solo trae consigo desgracias. El sentido del amor, por sencillo y estúpido que parezca para la gran mayoría de esta sociedad, se basa en la permisividad y en la libertad de ser uno mismo.
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